La relación entre la filosofía y el psicoanálisis es cuestionada y soslayada tanto por los analistas como por los filósofos. Sin embargo, nuestra posición es que ambas disciplinas se atraviesan a sí mismas, con encuentros y desencuentros, aunque prevaleciendo los primeros. De las corrientes filosóficas, es en el existencialismo que encontramos un significativo aporte que impacta en el tratamiento psicoanalítico, no sólo como marco teórico adicional, sino también como técnica psicoterapeútica.  Como psicoanalistas estamos atentos  a la angustia y a las preocupaciones existenciales de nuestros pacientes: la  inevitabilidad de la muerte, la libertad y su consiguiente responsabilidad, el aislamiento existencial y el sin sentido de la existencia.

El análisis de la existencia humana que subyace a toda psicoterapia que pretenda fundarse científicamente en las técnicas más avanzadas no puede ignorar el inestable coeficiente de “filosofía” que la compromete con los grandes temas del pensamiento: pues la psicoterapia no es una mera aplicación instrumental del conocimiento, sino una investigación en las condiciones del ser íntegro del hombre.

Los griegos contribuyeron en el desarrollo de la filosofía pero también en el psicoanálisis que se cristaliza alrededor de la tragedia. Freud tiende a leer todo lo relativo a la psicología de la familia y los asuntos de la familia occidental en general, a través de la tragedia griega.

La filosofía griega ofrece un conjunto de elementos que giran alrededor de los poderes afectivos del alma, tales como la voluntad, el amor y, sobre todo, el deseo y el placer que Platón y Aristóteles desarrollan, sirviendo ambos de fuente de inspiración para muchos a lo largo de la historia de la filosofía y el psicoanálisis. Es así que Freud se inspiró en el concepto de deseo desarrollado por Platón y Aristóteles.

Platón se dedica a sondear las potencias y las pulsiones del deseo. En ese marco, también aborda el sueño (durante el cual el deseo aprovecha para irrumpir), pero no lo ve como uno de los principios explicativos de la esencia humana sino más bien como una forma en que la esencia del hombre aparece de manera desnaturalizada por lo que Platón exige reflexionar sobre la verdadera dimensión de nuestra vida onírica. Platón trata el amor como un deseo, posición que Aristóteles cuestiona al poner especialmente en tela de juicio la relación que hace Platón entre deseo y vida, por cuanto, para Aristóteles, todos los seres humanos aspiran al bien propio. Aristóteles considera que el deseo caracteriza el alma sensitiva. Asimismo, lo imaginario se situaría en una etapa intermedia entre lo sensitivo y el intelecto.

En el pensamiento presocrático, el inconsciente sería un pensamiento sin sujeto que conduciría los procesos de subjetivización y que no sería irracional, en todo caso sin sentido. Esta posición se asemeja a la de Althusser y de los posmodernos.

Para los sofistas, la problemática del deseo es algo relevante pues ellos usan del poder de la persuasión, la cual se sustenta en la sensibilidad y el placer. Asimismo, le otorgan una importancia central al vigor, que se expresa en sentimientos y deseos.

Hegel es un filósofo que tuvo un gran impacto en el psicoanálisis. Un tema que es central en la relación filosofía-psicoanálisis es el de la relación amo-esclavo que desarrolla Hegel. Kojéve, en base a la Fenomenología del Espíritu de Hegel, organiza un seminario sobre el tema en París en el que Lacan, ilustre representante del psicoanálisis, figura como uno de los participantes. En los trabajos de Lacan, el término “amo” y “esclavo” es tratado desde ángulos diversos, por cuanto es planteado muchas veces de forma diferente a la que le da Hegel. Por ejemplo, Lacan, a diferencia de Hegel, trata de mostrar que el esclavo en el trabajo tiene goce. En el seminario de Kojéve, se pone énfasis en la lucha entre el amo-esclavo por el reconocimiento como un aspecto crucial de la dialéctica amo-esclavo. El esclavo, por medio del trabajo, transforma el mundo y, en ese contexto, obtendría el reconocimiento de su amo.

Para Hegel, en el conflicto amo-esclavo el amo es reconocido sin que éste, a su vez, reconozca al esclavo. En el amo recae el goce y en el esclavo, el trabajo. Bajo las órdenes del amo, el esclavo hace su trabajo y realiza un objeto para el goce del amo. Para Hegel, el trabajo que hace el esclavo para el amo no sólo da forma a la materia sino que permite a este último construirse a sí mismo. Al producir una obra, el esclavo se estaría liberando del amo. Marx critica esta posición de Hegel. Para Marx, el esclavo no se libera mediante su trabajo, porque éste está alienado por el amo, el cual quiere mantener el carácter alienado del trabajo.

Hegel, en la Enciclopedia, describe el proceso inconsciente como un abismo nocturno que equipara con la noche. Para Hegel, el inconsciente es la expresión del Espíritu que se manifiesta como alma y como conciencia. Según Hegel, el abismo inconsciente es ilimitado y no es accesible a la voluntad consciente. Esta forma de pensar tiene gran similitud con el inconsciente psicoanalítico donde predominan los impulsos de los instintos que se manifiestan bajo la forma de “imágenes” que presionan para expresarse.

Tanto para Hegel como para el psicoanálisis, el inconsciente se oscurece por la negatividad. En Hegel, el abismo y la dialéctica inducen al espíritu a alcanzar estados superiores, mientras que en el psicoanálisis, los movimientos dialécticos del ego tratan de defenderse del monstruo. Si bien las producciones teóricas de Hegel y el psicoanálisis evidencian posiciones diferentes, existen semejanzas en lo que respecta a la conceptualización del inconsciente, el deseo, el instinto, la neurosis y también la locura.

Hegel ubica al ego en el alma inconsciente y el espíritu consciente, acercándose con ello a la posición de Freud. Por otro lado, Hegel plantea que las imágenes deben estar reorganizadas en la conciencia y grabada en nuestra memoria. Freud hace un planteamiento similar por cuanto señala que nuestras percepciones deben estar en

En el sistema de Schelling se expone el proceso ontológico de la mente que ningún filósofo había planteado antes. Schelling fue igualmente el primer filósofo en desarrollar una teoría coherente del inconsciente. Planteaba que la naturaleza comienza como inconsciente y termina como consciente. Para sustentar su tesis, Schelling reflexiona sobre la oscuridad o la inconsciencia y la convierte en un punto central que le permite edificar su teoría de la naturaleza, la vida, la historia la psique, las funciones del abismo y el inconsciente. Disocia el ser del mundo de los objetos, así como lo presenta en tanto base de la libertad. El interés de Schelling es, en un cierto sentido, brindarle una salida a la teoría de la individualidad y la autonomía. Al tema del conflicto entre el yo y la identidad desarrollado por Hegel, Schelling responde haciendo intervenir al inconsciente como un elemento decisivo en la creación del individuo. Es así que, según Schelling, el inconsciente trata de impulsar la idea de lo autónomo y lo individual en el ser.

Dentro de su teorización tendiente a resolver la oposición sujeto-objeto, Schelling precipita la subjetividad en un proceso de desbordamiento y se excede en la dimensión transcendental por cuanto la problemática ontológica en la que cae hace que coloque la conciencia en una transcendencia opaca. El inconsciente deviene la última palabra de la conciencia. Schelling se empeña en mostrar cuán grande es la contribución del inconsciente en el pensamiento y en la conciencia. Plantea antes que Lacan que el inconsciente es simbólico y no natural. Para él, el inconsciente no tiene nada que hacer con Dios, y la conciencia sigue la ley del orden simbólico. Schelling elabora una nueva visión teórica presentando al inconsciente como parte de la psiquis en la que el aspecto de la paternidad interviene como un elemento que forma parte de las profundidades del individuo. La posición antes planteada marca un hito en la historia del psicoanálisis pues será retomada por Freud en su obra Interpretación de los sueños, de la que resalta el papel del padre como nexo entre los elementos que forman el inconsciente. Es menester mencionar que el planteamiento de Freud se hizo en un momento en que la concepción liberal del ser atraviesa una crisis.

Freud, influenciado por informaciones divulgadas por Otto Rank, ve el mundo como voluntad y como representación. En 1925, en su libro Mi vida y el psicoanálisis, Freud plantea que: “Schopenhauer, no solamente sostiene la tesis de la predominancia de la afectividad y de la importancia preponderante de la sexualidad sino que también tuvo conocimiento del mecanismo de represión”. Sin embargo, Schopenhauer presenta a la voluntad inconsciente de una forma distinta a Freud. Considera que “el intelecto ha renunciado a su naturaleza por complacencia con la voluntad”. Freud, por su lado, visualiza la voluntad de vivir en términos de pulsiones. La pulsión sexual es la verdadera voluntad de vivir.

Por su parte, Nietzsche, si bien al principio estuvo de acuerdo con Schopenhauer, cuestionó luego la voluntad de vivir de Schopenhauer. Nietzche contrapone a la voluntad de vivir el concepto de voluntad de poder

El filósofo francés Michel Onfray, en su libro Le crépuscule d’une idole (Crepúsculo de un ídolo – 2010), veía la producción teórica de Freud como una filosofía vitalista en la línea de Schopenhauer y también de Nietzsche. Para Onfray, la hipótesis del inconsciente de Freud también tiene raíces en los escritos de Schopenhauer y Nietzsche, especialmente en el libro de Schopenhauer Mundo como voluntad y representación y en la obra Más allá del bien y del mal de Nietzsche, sobre todo cuando este último aborda el tema relativo a la voluntad de poder.

Schopenhauer describe la relación inestable entre el consciente y el inconsciente. Para él, la conciencia sería simplemente la superficie de nuestra mente y nosotros no conoceríamos la parte interior. Freud sigue en gran medida los planteamientos de Schopenhauer basados principalmente en un ego consciente que aspira a darle sentido al mundo en que uno vive y a dar cuenta de la voluntad que emerge de los impulsos inconscientes. Schopenhauer consideraba que existía una interrelación de los distintos elementos de la conciencia como resultado de los impulsos inconscientes.

Para entender la manera de cómo Nietzsche entiende al inconsciente, es menester tomar en consideración la voluntad de poder. Ésta se encuentra detrás de la razón. Para Nietzsche, la voluntad de poder es esencialmente creadora. El inconsciente no desea el poder sino un deseo productivo.

En lo que se refiere al pensamiento de Freud, se puede afirmar que pone de manifiesto dos sistemas: el consciente y el inconsciente.  Nietzsche, a diferencia de Freud, concebía el inconsciente como algo constitutivo del ser humano, en tanto Freud planteaba un ego racional en un inconsciente irracional. Nietzsche y Freud discrepan igualmente en su visión del uso de los instintos. Freud se esforzaba por controlar los impulsos y los instintos a través de la razón, mientras Nietzsche proponía liberarlos.

La voluntad de Nietzsche es la canalización de un conjunto de energías pulsionales heterogéneas. Esa voluntad es el primado de lo colectivo sobre lo individual. En Nietzsche, así como la conciencia no puede expresar totalmente la conciencia, el lenguaje tampoco puede expresar el fondo de la misma.

Los trabajos de Nietzsche y de Freud dejan aparecer un conjunto de conceptos muy similares. Así tenemos a la correspondencia que existía entre el super yo y lo que Nietzsche denominaba la “mala conciencia”. Además Freud recurrió a conceptos que Nietzsche utilizaba, como aquellos de represión, psicología de los impulsos, entre otros.

Pese a la presencia de Nietzsche en la obra de Freud, éste no lo cita como fuente. Pero en los años 1890, Nietzsche ejerció gran influencia en el mundo intelectual de habla alemán, lo cual hace prácticamente imposible que Freud no estuviera al tanto así como influenciado por los pensamientos de Nietzsche. Por otro lado, Freud discutió en 1908 con miembros de la sociedad psicoanalítica el libro de Nietzsche “De la genealogía de la moral”. Asimismo, se puede señalar que bajo la influencia de Joseph Paneth, Freud leyó por lo menos partes de Zarathustra. Es además indudable que Freud estaba enterado de lo desarrollado por Nietzsche sobre los sueños. Muestra de ello es el hecho de que, en la carta a Fliess del 31 de mayo 1895, Freud hace referencia a la sublimación, un concepto desarrollado por Nietzsche. Que Freud haya tenido conocimiento de la obra de Nietzsche es puesto al descubierto mediante una respuesta que Freud dirige a Federon en la que señala que Nietzsche no reconoce el infantilismo como el mecanismo de desplazamiento. El interrogante que surge es: ¿cómo Freud puede opinar sobre ello sin haber leído a Nietzsche? Asimismo, en el trabajo de Wittels editado en 1924, se señaló que los trabajos de Nietzsche relativos a la represión de los instintos, la mala conciencia, la genealogía de la moral, entre otros, fueron utilizados por Freud en diferentes partes de su obra. Es importante indicar igualmente que Paneth, que se reunió con Nietzsche sobre un periodo de casi tres meses, hizo un informe detallado a Freud de todo lo discutido con Nietzsche durante esos encuentros.

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